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Muere Valentino Garavani a los 93 años: el diseñador italiano que convirtió el rojo en símbolo de lujo global


Roma perdió a uno de sus hijos más elegantes. Valentino Garavani, conocido mundialmente solo como "Valentino", murió a los 93 años en la capital italiana, cerrando una era de la moda que difícilmente volverá a repetirse. El diseñador que transformó un tono específico de rojo en sinónimo de glamour internacional dejó un legado que va mucho más allá de vestidos: definió qué significa la alta costura italiana durante más de medio siglo.
Valentino no diseñaba ropa, construía identidades. Desde los años 60, sus creaciones vistieron a estrellas de Hollywood, aristócratas europeos, primeras damas y cualquiera que pudiera permitirse el lujo de llevar su firma. Pero fue su obsesión con el rojo intenso, ese tono vibrante que terminó bautizado simplemente como "rojo Valentino", lo que lo convirtió en leyenda. No era solo un color: era una declaración de intenciones, una firma visual tan poderosa que bastaba verla en una alfombra roja para saber quién había vestido a la protagonista.
El hombre detrás del imperio
Nacido en Voghera en 1932, Valentino Garavani llegó a París en los años 50 para formarse en el epicentro de la moda mundial. Regresó a Italia en 1960 y fundó su casa de moda en Roma, una decisión estratégica que convertiría a la capital italiana en contrapeso de Milán en el mapa fashion. Su primer desfile en 1962 marcó el inicio de una carrera que duraría más de cuatro décadas en activo antes de su retiro oficial en 2008.

La lista de clientas de Valentino lee como quién es quién del siglo XX: Jacqueline Kennedy, Elizabeth Taylor, Sophia Loren, Julia Roberts. Cuando Jackie Kennedy se casó con Aristóteles Onassis en 1968, llevaba Valentino. Cuando Julia Roberts recogió su Oscar por Erin Brockovich en 2001, llevaba Valentino vintage. El diseñador entendió que vestir a las mujeres más fotografiadas del planeta no era solo negocio, era construir mitología.
Italia despide a su maestro
La primera ministra italiana Giorgia Meloni emitió un comunicado oficial reconociendo que "Valentino no solo vistió cuerpos, vistió épocas enteras". El mundo de la moda se volcó en redes sociales con tributos: diseñadores, modelos, críticos y casas de moda rivales coincidieron en que la industria perdió a uno de sus últimos grandes maestros. Anna Wintour, editora de Vogue, declaró en un breve statement que "Valentino entendió que la moda es arte, pero también teatro, y nadie montó mejores espectáculos que él" (fuente oficial de Vogue).
La casa Valentino, que ahora opera bajo propiedad del grupo Mayhoola desde 2012, confirmó la muerte del fundador pero no ofreció detalles sobre causas específicas, citando respeto a la privacidad familiar. La empresa mantiene operaciones globales con Pierpaolo Piccioli como director creativo desde 2016, pero el alma del imperio siempre fue Garavani, incluso después de su retiro hace casi dos décadas.
El legado más allá de la costura
Valentino fue testigo y protagonista de transformaciones masivas en la industria. Vio cómo la moda pasó de ser artesanía exclusiva a negocio global multimillonario. Navegó la transición de talleres familiares a conglomerados corporativos. Sobrevivió a la llegada del prêt-à-porter, la democratización del lujo y la irrupción de diseñadores disruptivos que cuestionaban todo lo que él representaba. Y sin embargo, nunca dejó de ser relevante. Su truco fue simple: nunca intentó ser otra cosa que él mismo.

El diseñador italiano también fue pionero en entender que el lujo no se vende solo, se cuenta. Documentó meticulosamente su vida y obra, abrió archivos históricos, participó en retrospectivas museísticas y permitió que directores como Matt Tyrnauer filmaran documentales sobre su carrera. Valentino sabía que su historia era parte del producto, y comercializó su propia leyenda con la misma meticulosidad con que cosía un dobladillo.
Su muerte cierra un capítulo específico de la moda italiana: el de los diseñadores que eran estrellas por derecho propio, cuyas personalidades eclipsaban incluso a las modelos que llevaban sus creaciones. La moda actual está dominada por directores creativos corporativos que rotan entre marcas; Valentino era la marca, indisociable de su apellido. Esa era terminó cuando él vendió su empresa, pero su muerte la sella definitivamente.
El rojo Valentino seguirá existiendo en desfiles futuros, en vestidos de gala y en retrospectivas de moda. Pero el hombre que lo inventó, que lo defendió obsesivamente durante décadas y que lo convirtió en lenguaje universal del lujo, ya no está. Roma lo despide con la pompa que él siempre exigió en vida: con elegancia, sin aspavientos, pero con la certeza de que la moda nunca volverá a producir alguien como Valentino Garavani.
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