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Irán llevaba décadas amenazando con esta guerra. Nadie calculó que comenzaría con niñas muertas en una escuela de Minab.


Entre 148 y 153 personas murieron en Minab el 1 de marzo de 2026. La mayoría eran niñas. El edificio era una escuela primaria. El responsable del ataque, según las autoridades iraníes, fue la coalición estadounidense-israelí que 24 horas antes había iniciado la llamada Operación Furia Épica.
Ese detalle, no el portaviones, no los misiles balísticos, no el discurso de Trump, es el que define lo que esta guerra ya es.
Cómo murió Jamenei y qué dejó atrás
El 28 de febrero de 2026, los medios estatales iraníes y fuentes de inteligencia occidentales confirmaron la muerte del ayatolá Alí Jameneí, Líder Supremo de Irán durante 36 años, como resultado directo de los bombardeos coordinados entre Washington y Tel Aviv. Jameneí no había designado sucesor. Treinta y seis años de poder teocrático absoluto, y se fue sin dejar instrucciones escritas.
El vacío fue inmediato.
Para el 1 de marzo, el aparato del Estado iraní anunció un consejo interino de emergencia compuesto por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Golamhosein Mohseni Eyei, y el ayatolá Alireza Arafi, de 66 años, como tercer vértice del triunvirato. Una combinación diseñada para proyectar unidad entre la administración civil, el poder judicial y la ortodoxia religiosa. Funciona bien sobre el papel.
El problema es que el papel no manda. La Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) sí.
Fuentes del sector de inteligencia señalan que la IRGC ha comenzado a centralizar las decisiones tácticas, colocando en posiciones de liderazgo a figuras previamente vinculadas a operaciones internacionales, incluyendo el atentado a la AMIA en Buenos Aires. El consejo interino gobierna la narrativa. La Guardia gobierna los misiles.

La respuesta iraní: simétrica en intención, asimétrica en alcance
Irán no esperó. El 1 de marzo, oleadas de misiles balísticos y drones suicidas golpearon instalaciones militares de Estados Unidos y sus aliados en toda la Península Arábiga.
Los impactos alcanzaron bases en Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, con tres muertos confirmados, y Bahréin, donde se encuentra el cuartel general de la 5.ª Flota de la Armada estadounidense en Manama. El Comando Central de EE. UU. reconoció tres soldados muertos y cinco heridos de extrema gravedad en las operaciones del primer día.
Israel registró nueve víctimas mortales.
Y entonces llegó la desinformación, puntual como siempre en los primeros días de una guerra. La IRGC afirmó haber impactado cuatro veces con misiles balísticos el portaviones USS Abraham Lincoln. El Comando Central lo desmintió. Trump, en entrevista, declaró que sus fuerzas habían hundido nueve buques iraníes y que la operación avanzaba "más rápida de lo previsto". Agregó, sin aparente contradicción, que los nuevos líderes de Irán "quieren negociar".
Puede que sea cierto. Puede que sea gestión del relato doméstico antes de las próximas noticias difíciles.

El Consejo de Seguridad se reunió. Y no pasó nada
El 28 de febrero, coincidiendo con el último día de la presidencia rotatoria del Reino Unido, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró una sesión de emergencia. António Guterres condenó tanto la ofensiva como las represalias iraníes, y lamentó que se hubiera "desperdiciado una oportunidad diplomática" tras las conversaciones mediadas por Omán.
El representante iraní prometió más ataques. El embajador estadounidense habló de opresión sistémica. Nadie votó nada que importara.
Putin calificó la muerte de Jamenei de "asesinato" y "violación cínica del derecho internacional". China secundó el mensaje. Europa y Australia respaldaron a Washington. Gustavo Petro exigió detener lo que llamó un genocidio y advirtió sobre el riesgo nuclear. Cuba condenó la injerencia.
El mundo, ordenado en sus trincheras habituales.
Por qué Dubái importa tanto como Teherán
La consecuencia más inmediata del conflicto no llegó en forma de misil sino de pantalla de salidas apagada.
Los aeropuertos de Dubái, Abu Dabi y Doha, tres de los hubs intercontinentales más transitados del planeta, el puente entre Europa, África, Asia y América, cerraron abruptamente. Cientos de miles de pasajeros quedaron varados. Las terminales de Beirut y Daca colapsaron. Las aerolíneas desvían ahora sus rutas por corredores más largos, con un incremento de costos operativos que las compañías aún no han cuantificado públicamente pero que las bolsas ya están cotizando.
No es solo un problema de turistas con maletas. Es la cadena de suministro global funcionando en modo pánico.

Lo que nadie está diciendo en voz alta
Hay un patrón en cómo Occidente habla de esta guerra que merece atención.
Se habla de "operación preventiva", de "cambio de régimen", de bajas militares con nombres y apellidos. El bombardeo de Minab, una escuela primaria, 148 niñas muertas como cifra mínima, ocupa menos espacio en los comunicados oficiales que la supuesta desinformación sobre el USS Abraham Lincoln. Seguimos llamando "daño colateral" a lo que en cualquier otro contexto llamaríamos masacre, siempre que quien bombardee sea el bando correcto.
La IRGC, que probablemente sea la principal beneficiaria del caos institucional iraní, tampoco tiene incentivos para que esto termine pronto. Un Irán en guerra necesita una Guardia Revolucionaria fuerte. Un Irán en paz, quizás no tanto.
Y Trump, que declaró que la operación avanza "más rápida de lo previsto", gobierna desde una Casa Blanca que ya ha asumido la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad para marzo. El árbitro y el jugador son, por este mes, la misma persona.
La pregunta que nadie en los despachos quiere responder en voz alta es cuántas escuelas más hay en la ruta de los próximos objetivos. Y si la respuesta cambia algo.
Fuentes
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