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Trump impone arancel del 15% a todas las importaciones: la mayor guerra comercial en 30 años


Donald Trump firmó la orden ejecutiva que sus asesores comerciales llevaban meses preparando y que el resto del mundo esperaba con terror contenido: un arancel del 15% sobre todas las importaciones que ingresan a Estados Unidos, sin excepciones iniciales, sin períodos de gracia, sin el tipo de diplomacia comercial que durante décadas mantuvo el sistema global funcionando. La medida, fundamentada en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 y evocando deliberadamente la histórica Ley Hawley-Smoot de 1930 que profundizó la Gran Depresión, representa el mayor desafío al comercio internacional desde la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1995.
La justificación oficial de la Casa Blanca es predecible: proteger la base manufacturera nacional, corregir desequilibrios comerciales crónicos, defender empleos estadounidenses. La realidad es que Trump está cumpliendo promesas de campaña que sonaban bien en mítines pero que economistas de todo el espectro político advertían que desencadenarían caos. Y acaban de tener razón. Los mercados financieros globales colapsaron inmediatamente. El Dow Jones cayó 1,247 puntos en las primeras tres horas de trading. El S&P 500 perdió 3.8%. Las bolsas asiáticas que abrieron después del anuncio se desplomaron. Europa entró en pánico. Y los socios comerciales de Estados Unidos comenzaron a preparar represalias que convertirán esta decisión en la guerra comercial más destructiva desde la Segunda Guerra Mundial.
Hawley-Smoot 2.0: cuando la historia se repite como tragedia
La referencia a la Ley Hawley-Smoot de 1930 no es accidental ni inocente. Esa legislación, aprobada por el Congreso estadounidense en plena depresión económica, impuso aranceles masivos sobre más de 20,000 productos importados con el argumento de proteger empleos domésticos. El resultado fue catastrófico: socios comerciales respondieron con sus propios aranceles, el comercio global colapsó aproximadamente 66% en cuatro años, y la depresión económica que se suponía que los aranceles mitigarían se profundizó brutalmente. Mil economistas firmaron una carta rogando al presidente Herbert Hoover que vetara la ley. Hoover la firmó de todas formas. La historia lo juzgó como uno de los peores errores de política económica del siglo XX.

Trump está repitiendo ese error con conocimiento pleno de las consecuencias. Sus asesores comerciales, liderados por Peter Navarro (quien regresó a la administración después de cumplir condena por desacato al Congreso), han argumentado durante años que los aranceles son herramienta legítima para reequilibrar economía estadounidense. Navarro escribió múltiples libros defendiendo proteccionismo agresivo. Ahora tiene poder ejecutivo para implementar sus teorías. Y el resto del mundo pagará el precio de ese experimento ideológico.
La Sección 122: carta blanca constitucional para guerra comercial
La orden ejecutiva se fundamenta en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una disposición legal poco utilizada que otorga al presidente autoridad unilateral para imponer aranceles en situaciones de emergencia económica. La definición de "emergencia económica" es deliberadamente vaga, permitiendo interpretaciones amplias. Trump argumenta que el déficit comercial de Estados Unidos, aproximadamente $773,000 millones en 2025, constituye emergencia nacional que justifica acción inmediata sin aprobación del Congreso.
La legalidad de la orden será desafiada inevitablemente en cortes federales. Pero ese proceso tomará meses o años, y mientras tanto el arancel del 15% estará vigente, distorsionando comercio global, aumentando precios para consumidores estadounidenses y provocando represalias de prácticamente todos los socios comerciales importantes de Estados Unidos. China ya anunció aranceles recíprocos del 20% sobre todas las importaciones estadounidenses. La Unión Europea convocó reunión de emergencia para coordinar respuesta. Japón emitió protesta formal. Corea del Sur llamó a consultas a su embajador en Washington.
México: Sheinbaum defiende soberanía, Ebrard negocia exenciones
La reacción mexicana fue inmediata y coordinada. La presidenta Claudia Sheinbaum emitió comunicado defendiendo la soberanía nacional y recordando que México no aceptará imposiciones unilaterales que violen tratados comerciales vigentes. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció gestiones urgentes en Washington para asegurar que el 85% de las exportaciones mexicanas, protegidas por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), queden exentas del arancel del 15%.

La posición de México es legalmente sólida pero políticamente complicada. El T-MEC, que Trump mismo negoció y firmó durante su primer mandato presidencial, establece explícitamente comercio libre de aranceles entre los tres países norteamericanos. Imponer un arancel del 15% sobre importaciones mexicanas viola directamente ese tratado. Pero Trump ya demostró repetidamente que los tratados internacionales son documentos que respeta solo cuando le conviene. Si decide ignorar el T-MEC, México tendría que llevarlo a paneles de resolución de disputas que tomarían años en emitir fallos, y no hay garantía de que Estados Unidos cumpla esos fallos.
Ebrard está apostando por negociación directa para evitar ese escenario. Su argumento es pragmático: México es el socio comercial número uno de Estados Unidos desde 2023, superando a China y Canadá. Las exportaciones mexicanas, especialmente en sectores automotriz, electrónico y agrícola, son componentes esenciales de cadenas de suministro estadounidenses. Imponer aranceles del 15% sobre esas exportaciones aumentará costos para fabricantes estadounidenses, encarecerá productos para consumidores estadounidenses, y potencialmente eliminará empleos estadounidenses en industrias que dependen de insumos mexicanos.
El impacto económico: consumidores estadounidenses pagarán la cuenta
El análisis económico de esta medida es unánime: los consumidores estadounidenses absorberán la mayor parte del costo del arancel del 15%. Los aranceles no los pagan los países exportadores, como Trump repetidamente afirma. Los pagan los importadores estadounidenses, quienes transfieren ese costo a consumidores mediante precios más altos. Un arancel del 15% sobre todas las importaciones significa que prácticamente todo lo que se vende en Estados Unidos se volverá 15% más caro, desde electrónica hasta ropa, desde automóviles hasta alimentos.

El Tax Foundation estima que el arancel reducirá el PIB estadounidense aproximadamente $250,000 millones anuales y eliminará alrededor de 500,000 empleos. La Peterson Institute for International Economics proyecta que el ingreso disponible del hogar estadounidense promedio caerá aproximadamente $1,700 anuales. Y esos cálculos asumen que otros países no responden con aranceles recíprocos. Cuando China, la Unión Europea, Japón y otros socios comerciales impongan sus propios aranceles sobre exportaciones estadounidenses, el daño económico se multiplicará exponencialmente.
El mundo después del arancel: fragmentación del orden comercial global
La decisión de Trump marca el fin efectivo del orden comercial multilateral que Estados Unidos lideró durante 75 años. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos construyó sistema de comercio basado en reglas, tratados multilaterales y resolución pacífica de disputas. El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), reemplazado por la OMC en 1995, creó marco donde países reducían barreras comerciales gradualmente mediante negociaciones coordinadas.
Trump acaba de dinamitar ese sistema. Si el presidente de Estados Unidos puede imponer unilateralmente aranceles del 15% sobre todas las importaciones ignorando tratados vigentes, entonces los tratados no significan nada. Si el poder ejecutivo estadounidense puede invocar "emergencias económicas" vagas para justificar proteccionismo extremo, entonces no hay reglas que limiten acciones futuras. Otros países tomarán nota y actuarán en consecuencia: ignorarán tratados cuando les convenga, impondrán sus propias barreras comerciales arbitrarias, y buscarán alianzas comerciales que excluyan a Estados Unidos.
China ya está negociando acuerdos comerciales agresivamente con países de Asia, África y América Latina, ofreciendo acceso a su mercado masivo sin las condiciones políticas que Estados Unidos históricamente imponía. La Unión Europea está acelerando negociaciones de libre comercio con Mercosur, India y países africanos. El mundo se está reorganizando comercialmente, y Estados Unidos se está aislando voluntariamente del sistema que creó y del cual fue el mayor beneficiario durante décadas.
El 23 de febrero de 2026 será recordado como el día en que la globalización comercial murió oficialmente. Trump firmó la orden ejecutiva. El resto del mundo pagará las consecuencias durante años.
Fuentes
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